El sorteo aplicado a la política ya no es una utopía académica. Desde los años 2010, varios países europeos han implementado asambleas ciudadanas compuestas por miembros designados al azar, con mandatos precisos y recursos públicos. La democracia por sorteo se inscribe ahora en un movimiento concreto, respaldado por dispositivos institucionales que superan la fase de la experimentación puntual.
Asamblea ciudadana permanente en París: cuando el sorteo se convierte en una institución
La mayoría de los análisis sobre el sorteo en política se centran en dispositivos puntuales: una convención climática, un panel sobre el final de la vida. El caso parisino merece atención porque ilustra un cambio hacia la permanencia.
Desde 2021, la Asamblea ciudadana de París ha evolucionado de una experimentación hacia una institución permanente con rotación anual de sus miembros. La ciudad ha modificado la composición de esta asamblea en 2023-2024 para incluir a no nacionales de la Unión Europea residentes en París y a jóvenes de 16-17 años. Esta elección extiende la ciudadanía política más allá del cuerpo electoral tradicional, algo que ninguna elección clásica permite.
La asamblea dispone de derechos formales de presentación ante el Consejo de París, lo que marca un paso de la consulta a la co-producción de normas. El sorteo ya no se utiliza para recoger una opinión: alimenta directamente el proceso de decisión municipal. Recursos dedicados a este tema están documentados en https://www.sortition.net/, que recopila iniciativas de democracia por sorteo en todo el mundo.

El modelo de Ostbelgien y el sorteo permanente en Europa
La comunidad de habla alemana de Bélgica (Ostbelgien) ha llevado la lógica más allá que París. Su Consejo ciudadano permanente, compuesto por miembros seleccionados al azar, no se limita a deliberar sobre temas impuestos. Él mismo establece la agenda y convoca paneles temáticos.
Este modelo es considerado como una de las implementaciones más avanzadas del mundo. Influye directamente en otras ciudades europeas. Berlín y Viena están explorando dispositivos similares, con proyectos que se extienden a lo largo del período 2025-2026.
La diferencia con las convenciones ciudadanas clásicas es estructural. En una convención puntual, el gobierno elige el tema, el calendario y el alcance de las recomendaciones. En el modelo de Ostbelgien, los ciudadanos seleccionados al azar tienen autonomía sobre el marco de las cuestiones. Esta autonomía cambia la naturaleza misma del mandato.
Limitaciones conocidas de estos dispositivos permanentes
La institucionalización del sorteo no resuelve todas las tensiones. La cuestión de la legitimidad democrática sigue abierta: ¿puede un grupo de ciudadanos no elegidos comprometer a una colectividad en decisiones estructurales? Las opiniones en el terreno divergen sobre este punto según los contextos nacionales.
La tasa de participación efectiva también plantea problemas. Aceptar un mandato ciudadano de varios meses, incluso remunerado, supone tener tiempo disponible. Los perfiles socioeconómicos de los participantes no siempre reflejan la diversidad buscada, a pesar de los mecanismos de estratificación de la muestra.
Sorteo y elección: dos legitimidades políticas distintas
El sorteo y la elección no producen el mismo tipo de representación. La elección se basa en una elección voluntaria, un programa, una competencia entre candidatos. Confiera legitimidad por el consentimiento explícito de los votantes. El sorteo se basa en el azar estadístico y produce una muestra descriptiva de la población, más cercana a su composición real en términos de edad, género y categoría socio-profesional.
Aristóteles ya distinguía estos dos mecanismos. Para él, la elección pertenece a la aristocracia (el gobierno de los mejores), mientras que el sorteo caracteriza la democracia en sentido estricto. Las democracias modernas han optado masivamente por la elección tras las revoluciones del siglo XVIII, asociando la representación política a la competencia supuesta de los elegidos.
El regreso del sorteo no busca reemplazar la elección. Los modelos actuales combinan los dos procedimientos en arquitecturas híbridas. La idea no es suprimir los parlamentos elegidos, sino añadirles cámaras ciudadanas con competencias deliberativas sobre temas específicos.

Lo que el sorteo cambia en la fabricación de la decisión
Un elegido razona en función de su reelección, de su partido, de sus financiadores. Un ciudadano seleccionado al azar no tiene ninguno de estos filtros. Esta ausencia de interés partidista modifica la calidad de las deliberaciones sobre temas donde el tiempo largo entra en conflicto con los ciclos electorales: política climática, reforma fiscal, ordenación del territorio.
Las experiencias realizadas en Irlanda sobre el matrimonio para todos y el aborto ilustran este mecanismo. La asamblea ciudadana irlandesa, compuesta por miembros seleccionados al azar, produjo recomendaciones que luego fueron sometidas a referéndum. El sorteo permitió desbloquear temas que el parlamento no se atrevía a decidir.
Condiciones técnicas de un sorteo creíble en política
El procedimiento de selección determina la credibilidad del dispositivo. Un sorteo mal diseñado produce una muestra sesgada y debilita la legitimidad del conjunto. Varios criterios técnicos condicionan la fiabilidad del proceso:
- La base de sondeo debe cubrir toda la población afectada, no solo a los inscritos en las listas electorales, para evitar reproducir los sesgos de la abstención.
- La estratificación de la muestra (por edad, género, lugar de residencia, nivel educativo) corrige los desequilibrios del azar puro y garantiza una representatividad descriptiva.
- La indemnización de los participantes debe compensar la pérdida de ingresos para permitir la participación de personas asalariadas, independientes o en situación precaria.
- La duración del mandato y la formación previa de los seleccionados condicionan la calidad de las deliberaciones sobre temas complejos.
Estos parámetros no son secundarios. Un sorteo sin estratificación reproduce las desigualdades que pretende corregir. Los dispositivos más avanzados, como los de Ostbelgien o de París, integran estas restricciones desde la concepción.
La democracia por sorteo no reemplaza las instituciones existentes. Abre un espacio político donde ciudadanos ordinarios, sin mandato partidista, participan en decisiones que comprometen a la colectividad. El paso de la experimentación a la institucionalización permanente, observado en varias ciudades europeas, constituye el hecho más destacado de los últimos años. La cuestión ya no es si el sorteo tiene su lugar en política, sino bajo qué condiciones produce decisiones legítimas y aplicables.



